Puede que no todos estemos aquí para hacer historia, pero podemos vivir nuestras vidas para crear la nuestra. La aventura es la clave. Solos o con personas afines. Como un grupo variopinto de vagabundos, nos hemos dado cuenta de lo fácil que es viajar para sentir que la historia se está forjando. Nuestra historia.
Ofrecí otra mañana asombrosa en un pueblo en el fin del mundo con amigos, todos con muchas ganas de avanzar y luchar de una forma u otra. Bromeamos, sonreímos y de otras maneras. Se siente bien ser parte de algo.
Estamos empacando cosas, pues tenemos que seguir adelante, pero no sin antes emprender otra aventura en el agua. El tamaño de las porciones ha disminuido de la noche a la mañana y, con solo un tronco entre nosotros, nos turnamos. Compartimos y reímos. Nos observamos. Saludos y bromas sobre las olas ganadas y perdidas.
Nuestro público cautivo, con sus disputas verbales, nos impulsa a todos a superar y asombrar a los demás. Incluso los más dóciles están a la altura. Extravagantes, encaramados al frente del tronco, deslizando dedos, pies y talones entre las olas. Balanceándose sobre sus cabezas. La risa lo impregna todo. Las travesuras de la multitud nos envuelven una vez más, uniéndonos para formar una sola entidad, con múltiples componentes móviles: eso es esta empresa.
La marea sube, es hora de seguir adelante. Vaciamos la caseta, cargamos mochilas, tablas y demás pertenencias, tanto en nuestra bicicleta como en la nuestra. Nos despedimos y nos vamos en grupo.
Las travesuras del asfalto dan paso a las travesuras de la pista de tierra, burbujeando y hirviendo al encontrarnos con el asfalto. Nuestro viaje nos lleva a través de pueblos y campos en un déjà vu inverso; conocemos el camino. Este viaje ha llevado a personas con ideas afines que ya no son extraños, pero aun así, viajamos por una carretera en esta tierra extraña.
Les dejamos con unas palabras, un poco abreviadas, escritas por un tal Walt, quien lo resumió todo a la perfección. ¡A navegar y aprovechen este día!
Cada mañana, el día yace como una camisa limpia sobre nuestra cama. La felicidad de las siguientes veinticuatro horas depende de nuestra capacidad, al despertar, de recogerlo.
Walter Benjamin - "Calle de un solo sentido" 1928
Texto de Ano. Fotografía de Grasshopper y Monty.

















